Dendrocronología y arte - L'Antic Colonial - Porcelanosa Grupo

Dendrocronología y arte

Probablemente, de niño, te enseñaron a contar los anillos del tronco de un árbol para saber qué edad tenía. Probablemente no sabías que hay personas que se pasan toda su vida haciendo eso mismo. Y probablemente desconocías que esa ciencia tiene un nombre: dendrocronología.

Los bosques son una inmensa base de datos que nos proporcionan valiosa información si sabemos cómo preguntarles. Esos bosques han estado ahí durante cientos de años, miles, soportando cambios climatológicos, biológicos y a excursionistas irrespetuosos. Y siguen ahí, impasibles, guardando celosamente la información de miles de años de vida.

Cuando de niño te enseñaron a contar los anillos de los troncos, quizás te contaron que la madera se descompone muy lentamente, sobre todo mientras el árbol está vivo, lo que nos permite recabar información de ella durante muchos años. Datos ecológicos, geomorfológicos o antropológicos quedan marcados en la madera que llena nuestras casas, nuestros museos y nuestro día a día.

El arte encuentra un gran aliado en la dendrocronología. A menudo el baile de fechas de las obras artísticas parece insustancial. Aunque la datación tradicional situaba El carro de heno de El Bosco hacia 1500 o 1502, las últimas pruebas dendrocronológicas realizadas a la madera de la obra defienden que no fue hasta 1516 cuando el pintor holandés dejó caer sus pinceladas.

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Cuando uno escucha este baile de cifras quinientos años después, cuesta no dibujar una sonrisa irónica al imaginar a un grupo de estudiosos con bata blanca preocupadísimos por esos catorce o dieciséis años de diferencia. Pero no todo es tan sencillo. Si no, que se lo pregunten al director de la Capilla Real de Granada.

Este mausoleo pictórico guarda celosamente una de las obras más bellas de Juan de Flandes. La calidad pictórica y la minuciosidad del trazo de este pintor es indiscutible.

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El artista flamenco se dejó influenciar por el espíritu de una Castilla profunda que caló hondo en su sensibilidad, suponiendo una evolución en su perfección técnica y su dominio de la composición. El pintor de la reina Isabel la Católica supo beber lo mejor de sus dos mundos: la pintura gótica flamenca del siglo XV y el paisaje castellano que lo atrapó.

En la Capilla Real de Granada se expone el Descendimiento, una parte de un famoso tríptico de Juan de Flandes, hoy fragmentado y expuesto en diferentes pinacotecas alrededor del mundo. Ese descendimiento guarda tal similitud con la parte central del Tríptico de Miraflores de Rogier van der Weyden que es imposible no hablar de copia o, por lo menos “fuerte inspiración”.

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Durante años se pensó que la obra del bueno de Van der Weyden fue posterior a la de Juan de Flandes, y así continúa defendiéndolo la Capilla Real de Granada, y sin embargo, la madera de ambas obras ha revelado el secreto que había callado durante largos años: Juan de Flandes llegó después de Rogier van der Weyden. Lo siento, Juan de Flandes, los árboles te han delatado.

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