El italiano Antonio Stradivari pasó la mayor parte de su vida dedicado a la creación de instrumentos musicales, convirtiéndose en uno de los productores de violines, violonchelos y violas más prolíficos y valorados de su época. Cientos de años después, los músicos actuales siguen su estela, intentando emular la sonoridad y armonía de sus instrumentos. Pero, ¿cuál era el secreto que distinguía un violín Stradivarius de los demás? La respuesta está en la madera.
La melodía de la madera natural
El violín, la guitarra española, la flauta o el oboe, todos estos instrumentos tienen una característica común: el uso de la madera natural para su fabricación. La madera es uno de los principales materiales de construcción en los instrumentos musicales gracias a sus características técnicas, que le permiten conseguir distintos tipos de afinidad y armonía.
Existen diferentes clases de madera, que afectan a la sonoridad del instrumento deseado y ayudan en la producción del sonido final. No todas las maderas son aptas para todos los instrumentos. La tipología, el acabado final o las cualidades de vibración son el conjunto que otorga la particular firma acústica y la “voz” de cada instrumento musical.
Una madera para cada instrumento
Tradicionalmente, los violines con sello Stradivarius se fabricaban con una base de madera de pícea para el recubrimiento superior y arce para el resto del violín, tratados además con diferentes minerales difíciles de conseguir hoy día. El fresno, por su parte, era y sigue siendo el material más común para las guitarras de madera ya que, bien tratado, ayuda a crear la caja de resonancia necesaria para conseguir un sonido perfecto en el futuro instrumento. Las flautas o xilófonos de madera se consiguen actualmente a base de caña de bambú, y los ukeleles, con madera de koa o caoba.
La madera es muy importante a la hora de dotar los instrumentos de la cadencia que los caracteriza. Como ya sabía Stradivarius, la esencia de la música se esconde en la madera.