Quizás el nombre de Yoshitoshi Kanemaki no os resulte familar pero se trata de uno de los artistas japoneses más importantes del momento. Kanemaki cincela esculturas a tamaño real y su material fundamental es la madera de alcanfor.
Este tipo de madera es muy durable y proviene del árbol del alcanfor, que es un árbol de hoja perenne que crece hasta los 98 pies de alto, y que tiene una corteza clara y fisurada verticalmente. Este árbol es nativo de China, Japón y Taiwán. Se distingue por su olor picante, sus vetas marrón rojizas y su grano irregular, y se utiliza tradicionalmente para fabricar cofres para ropa, baúles, roperos y ataúdes.
Kanemaki, sin embargo, lo usa para realizar piezas surrealistas de figuras humanas. Estas figuras siempre parecen moverse por una delgada línea entre la cordura y la locura.
Un tema fundamental de su obra es la muerte. Pero la muerte vista desde un prisma orientalista: a la muerte debemos aceptarla como parte de la propia vida, llena de rarezas e imperfecciones, como la propia madera donde las talla.
El proceso de trabajo de cada una de las piezas es espectacular. Kanemaki muestra el origen de la pieza, su proceso de creación, cómo se deforma la madera para transformarse en otra cosa. En este sentido es un artista “muy contemporáneo” y hace uso de sus redes sociales para ir narrando a modo de cuento cada proceso de creación, como si fueran sus propios hijos.
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Gracias a las líneas de referencia que traza en el tronco, mientras se va abriendo paso en la madera con sierras y cinceles en bajo relieve, nos es posible observar una extraña adolescente, un joven desnudo o una mujer con múltiples rostros.
Kanemaki no deja indiferente a nadie. En febrero 2017, estará expuesto en la Feria de arte de Tokyo “Park Hotel”. Puedes saber mucho más sobre en este enlace.